20180223

El Plan Badajoz. ¿Un cuento de la lechera con final feliz?

Jornada 70 Aniversario. Valdelacazada y el PLan Badajoz, 
Casa de Cultura de Valdelacalzada, 23/2/2018




Buenas tardes

En primer lugar agradecer a la cronista la invitación. He dedicado mucho de mi tiempo a analizar los problemas vinculados al desarrollo rural, y muy especialmente a los procesos de transformación en regadío y colonización. Vine por primera vez a Extremadura, en 1977, precisamente a analizar críticamente el Plan Badajoz, pero también a defenderlo frente a la amenaza que para las Vegas del Guadiana suponía la central nuclear de Valdecaballeros. He escrito algunos de los textos más utilizados (aunque no siempre citados) sobre los regadíos en Extremadura y el impacto social que han tenido. Contribuí incluso a la maduración administrativa de algunos de los nuevos pueblos, entre otros Valdelacalzada, realizando el planeamiento urbanístico. Creo que fue en 1996 que trabajamos en sus Normas Subsidiarias. Así que sienta bien venir a hablar aquí de estos temas.

Sobre el tema que se me encomendó, el Plan Badajoz, he querido plantear, más que una exposición académica llena de datos (que además están al alcance de todos en mis escritos en Internet, y en los de otros autores), aunque también los habrá, unas reflexiones sobre su significado, sus bases y consecuencias sociales. Sobre el resultado, que son ustedes. Así que haremos un poco de coaching social, para contribuir en lo posible a ese proceso de construcción de la identidad que todo pueblo debe tener.

Cuando estoy en las Vegas es como si estuviese en casa. Porque yo procedo de una zona, en la Ribera del Ebro, de regadíos viejos. Los riegos más viejos de mi pueblo se los atribuíamos a los moros, pero hoy sabemos que eran anteriores, pues cuando se produce la romanización los romanos ya se encuentran, y tienen que resolver, con conflictos entre aldeas por los riegos. Pero la infraestructura básica es el Canal Imperial de Aragón, empezado hace cinco siglos y terminado hace tres, y el canal de Lodosa, realizado a principios del siglo XX.

Mi familia trabajaba desde generaciones, desde que bajaron del País Vasco Francés (la Baja Navarra) probablemente cuando sus tierras pasaron formar parte del reino de Francia, como arrendatarios de las tierras de nobles y burgueses navarros y aragoneses. Pero en la segunda mitad del siglo XX el desarrollo de las fuerzas productivas hizo que no fuese posible mantener latifundios de regadío sin grandes inversiones en mecanización, y para esas familias era más rentable dedicar esas inversiones a la industria o la inversión inmobiliaria. Así que fueron vendiendo, troceando el patrimonio rural. Y así mis padres, como otros muchos agricultores del Valle del Ebro, pudieron convertirse en propietarios de las tierras que trabajaban. Y yo aprendí que, tarde o temprano, el regadío divide la propiedad.


El IRYDA les facilitó el proceso, con créditos blandos. Pero antes de que se produjese esa especie de reforma agraria a precio de mercado mis padres ensayaron a mejorar en primer lugar la alimentación de sus hijos, y luego las rentas, con una vaca, que luego fueron tres o cuatro. Yo iba al anochecer, después de hacer los deberes, a repartir la leche, y más de una vez recordé el cuento de la lechera al volver a casa con la lechera vacía por haberla volteado mal. Pero al final el cuento de la lechera salió bien.



Como ocurrió aquí, a donde los primeros colonos llegaron en unas condiciones penosas, pero quienes ya vinieron a los poblados ya llegaban con la casa y la vaca del cuento de la lechera. Mis padres se casaron hacia 1953 pero vivieron muchos años en casa de mi abuela materna. Hasta 1973 no pudieron abordar la construcción de una casa propia, después de haber comprado la tierra. El lote del colono venía con la tierra, la casa, la vaca… Por delante para quienes no venían del regadío una experiencia muy dura. Pero casi todos los que resistieron vieron cumplido el cuento de la lechera.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS



Veamos primero cómo fue esto posible, porque no era fácil. El Guadiana no tiene la historia de otros grandes ríos españoles, como el Ebro, parcialmente dominados desde muy temprana época. Para entender ese peso cultural de la historia, podemos hacer una prueba. Me ocurrió ayer mismo, buscando en internet algún mapa que no tenía en color. Si uno busca en Google “Regadíos de la Cuenca del Ebro” le aparecen numerosos mapas, completísimos, sobre el tema. Si uno busca “Regadíos de la Cuenca del Guadiana” la mayor parte de las imágenes que aparecen son de autoridades, o actos. El Ebro fue un río domesticado en sus afluentes hace milenios, mientras que el Guadiana campó a sus anchas hasta el siglo XX.




La clave está en la propia hidrología de este río. Por su carácter extremadamente irregular, el Guadiana tan sólo puede controlarse mediante grandes presas reguladores; que por un lado limitan las avenidas (es decir, la inundación de las vegas cultivables), y por otro lado retienen el agua de las estaciones lluviosas para el verano.




Por el contrario, en esos otros ríos del Norte en que el estiaje no es tan acentuado, bastaba la construcción de azudes para derivar aguas en verano hacia las vegas. Para hacerse idea de lo que esto significa, puede considerarse que el azud de Montijo, que permite el riego de las Vegas Bajas con los canales de Montijo y Lobón, sólo fue posible tras la construcción de las presas de Cíjara y orellana; mientras, en el Ebro se construyó ya en el siglo XIII un azud similar en Tudela (Navarra), de donde derivó el Canal de Tauste, uno de los más antiguos de España, por la margen izquierda, y siglos más tarde el Canal Imperial de Aragón por la margen derecha.

Por otra parte, el propio carácter irregular de los caudales ha favorecido las avenidas hasta muy recientemente; difícilmente serían cultivables las vegas hasta que los caudales han sido dominados y la cota de máxima avenida progresivamente rebajada. Antes de ésto, las vegas constituían fundamentalmente zonas pantanosas, insalubres y peligrosas, durante buena parte del año.






Por supuesto que había históricamente algunos aprovechamientos hidráulicos en el Guadiana (y sobre todo en muchos de sus afluentes, más dominables). Además de los conocidos embalses de Cornalvo y Proserpina, que corresponden a obras de abastecimiento de agua potable y no de regadío, probablemente hubiese otros en pequeños afluentes del Gévora, el Matachel, el Zújar, el Guadajira, el Olivenza o el Ardila. Y había por supuesto aprovechamientos de aguas subterráneas, especialmente en la cuenca alta del Guadiana, en las Tablas de Daimiel se regaban en 1960 por este sistema unas 20.000 Has, con norias de origen inmemorial. Pero lo que quiero dejar claro es mi impresión de que, contrariamente a otras interpretaciones de la historia de Extremadura, el tardío dominio, cultivo y riego de las Vegas del Guadiana ha tenido su origen en las díficultades físicas en mucha mayor medida que en supuestas causas sociales atribuíbles a la estructura de la propiedad y cuestiones similares. Si en el Guadiana no ha habido regadíos de importancia antes del siglo XX ha sido porque no existían las condiciones técnicas para hacerlos posibles, ni la presión demográfica que hubiera podido obviar las limitaciones técnicas.

HACIA LA REGULACIÓN DE LA CUENCA DEL GUADIANA

El primer intento moderno de regulación y aprovechamiento del Guadiana no se da en Extremadura, sino en La Mancha. Aguas abajo de las lagunas de Ruideras, en donde Carlos III encargó al arquitecto Villanueva el llamado Canal del Gran Prior, vinculado al embalse de Peñarroya, y de entidad menor.

En la época contemporánea fueron los textos y discursos regeneracionistas del aragonés Joaquín Costa, a finales del XIX, los que desataron en todas las cuencas y regiones lo que podríamos llamar el furor hidráulico.  En Extremadura sería Joaquín Castel, en uno de los primeros números de la Revista de Extremadura (1899). Aquella agitación condujo en 1902 a la División Hidrológica del Guadiana a presentar un anteproyecto, basado en la construcción de un embalse en el portillo de Cijara, del que derivarían dos canales por sendas márgenes con los que se habrían de regar unas 120.000 Has. El Plan de Obras Hidraúlicas (el famoso Plan Gasset) plantea en el momento casi medio centenar de grande obras hidraúlicas, entre pantanos y canales, para el conjunto de la cuenca; en Badajoz se proponía llegar a regar más de 150.000 Has, sólo en lo que hoy son las Vegas Altas. 




Pero aquello no pasó de ser un inventario de obras posibles y de buenas intenciones, como los proyectos del AVE Badajoz-Madrid. De hecho el POH de 1909 reduce a menos de 21.000 nuevas Has los posibles regadíos, la mitad en Ciudad Real, desapareciendo de la programación el embalse de Cijara. Aunque curiosamente incluía el pantano de Alange (que regaría 9.000 Has), curiosamente uno de los últimos que se han construído.

El Plan Extraordinario de Obras Públicas de 1916 recupera muchos de los elementos del Plan Gasset. Vuelve a hablar de transformar 130.000 Has en la cuenca, y vuelve a incluir el pantano de Cijara, pero el de 1919 vuelve a reducir expectativas, que ni siquiera se cumplen. ¿Nos suena, verdad, a lo del AVE?

Por supuesto que entretanto el interés no desaparece. Se hacen estudios geológicos de viabilidad del proyecto, y se habla de ello en la región. Pero no será hasta la Ley de Obras de Puesta en Riego de 1932 (en la que por primera vez se habla de actuación integral del Estado en la transformación en regadío y colonización, aunque se concreta poco) que se den los primeros pasos, con la creación del organismo "Obras y Servicios del Cijara" (OSC), que abordaría las obras de embalse, aprovechamientos eléctricos y sistemas de riego entre el Portillo de Cijara y la frontera portuguesa.

Todo esto quedaría definido en el POH de 1933, dirigido por Lorenzo Pardo, que ya define las grandes líneas de lo que luego ha sido el Plan Badajoz. Planteaba la transformación de 108.000 Has en toda la cuenca. En 1934 los ingenieros de la OySC presentaban el azud de derivación de Montijo para el riego de las Vegas Bajas, dirigido por Manuel Diaz Marta.

Al iniciarse la guerra civil parece que seguían las obras del pantano de Cijara (aunque los autores no se ponen de acuerdo, y de hecho quedó destruído casi todo con la guerra) y se habían iniciado las del canal de Montijo, que serían convertidas en campo de trabajo de prisioneros políticos.
Aunque desde 1939 empieza a generarse legislación sobre Colonización, y declaraciones de interés nacional para obras como el Canal de Montijo, todo lo que estaba en marcha quedó en el olvido hasta las protestas de los falangistas de la provincia, a finales de los '40. Finalmente la presa de Cijara se terminó en 1956 (24 años después de iniciarse su construcción), y el canal de Montijo fue inaugurado con su presa (sin estar terminadas las obras totalmente) en 1957.
En realidad el conjunto del Plan Badajoz, con sus sucesivas modificaciones, aún no ha sido concluído. Pues aunque el embalse de la Serena, pudiese significar simbólicamente esa terminación, quedó pendiente el Gran Canal de la Margen Izquierda, también llamado Canal de Barros, que finalmente va a ser el canalillo, o tubo, de Barros, para apenas 15.000 Has. El proyecto original conectaba la Serena con Alange, llegando hasta la frontera portuguesa en las cercanías de Olivenza. Es curioso que en la memoria técnica del proyecto hoy en marcha ni siquiera hagan referencia a los antecedentes.


LAS DIMENSIONES DEL PLAN BADAJOZ

  
Lo que popularmente se conoce como Plan Badajoz, como una unidad cerrada, está compuesto por proyectos que han quedado superados hace décadas, habiéndose doblado a partir de su finalización la superficie de regadío, por la iniciativa privada. Sólo en lo que llevamos de siglo, entre 2005 y 2015, la superficie regable se incrementó en 45.000 Has, gracias sobre todo el riego por goteo, aunque no únicamente. Son ya unas 260.000 las Has regables registradas (yo creo que la superficie real regable es sensiblemente mayor).

El Plan Badajoz propiamente dicho (el Plan Badajoz I, podríamos decir) incluiría aquellas regulaciones y aprovechamientos ya previstos desde el periodo republicano, y que fueron finalizados y puestos en funcionamiento a lo largo de los años '50. El resto lo podríamos denominar Plan Badajoz II, pues corresponde a obras de regulación y aprovechamiento que, con independencia de que de una u otra forma pudiesen haber sido pensadas en épocas anteriores, comienzan a ser planificadas entrando ya en los años '60. Además, y eso me parece esencial, mientras el PB-I corresponde a aprovechamientos directos de aguas del Guadiana, el PB-II afecta fundamentalmente a sus afluentes, así como a ampliaciones de operaciones en la vega del Guadiana.

Sólo el Plan Badajoz-I corresponde a los criterios e ideología corporativa propia del franquismo de postguerra. Transformación en regadío y colonización se plantean como operaciones indivisibles, dentro del discurso redentorista, con las vegas del Guadiana como eje fundamental (si bien se incluyen pequeñas actuaciones en áreas alejadas). No haremos referencia aquí a las acciones complementarias, como era el caso del ferrocarril Talavera-Villanueva, que quedó inconcluso, planes de electrificación rural, etc.

La estructura fundamental del PB-I depende de tres presas escalonadas en la cabecera extremeña del Guadiana: Cíjara, García de Sola y Orellana. Estas tres presas se plantean con la triple finalidad de regular (especialmente las dos primeras), turbinar para la producción de energía eléctrica y dotar de agua de riego a las vegas del Guadiana. Una cuarta presa, la de Montijo, en el curso medio del río, deriva el agua para los canales de las Vegas Bajas (habría que hablar también de la pequeña presa de Zalamea sobre el río Ortigas, iniciada en 1800 pero terminada dentro del Plan Badajoz, y con la que se transformaron unas 300 Has en el término de Zalamea de la Serena, permitiendo la instalación de algunos colonos).

Una vez finalizadas la presa reguladora y Cíjara, y la de regulación de Montijo, pudo ponerse en marcha el riego de las Vegas Bajas, abastecidas por los canales de Montijo y Lobón. En cuanto a la transformación de las Vegas Altas, pudo ponerse en marcha tras la terminación de la presa de Orellana, de la que se derivó el canal del mismo nombre, por la margen derecha del Guadiana, que después de recorrer parte de la provincia de Cáceres retorna a la de Badajoz para finalizar en el término municipal de Guareña.

Dentro del PB-I, aunque podría considerarse ya de transición por el nuevo sistema de abastecimiento del regadío (funciona mediante una elevación desde el Guadiana), habría que incluir la zona regable de Entrerríos, realizada en la feraz 'isla' existente en la confluencia del Guadiana y el Zújar, en la que también se instaló un poblado de colonización.

Además de los de Zalamea (donde se expropiaron 220 Has y se instalaron 36 colonos), hay otras pequeñas zonas fuera de las vegas del Guadiana. Es el caso de los regadíos del Ardila, basados en la regulación de este río con las presas de Valuengo (con aprovechamiento hidroeléctrico complementario) y Brovales, para regar algo menos de 2.000 Has, de las que se expropiaron 1.600 Has para instalar 217 colonos ubicados en tres poblados.

Así como de los tardíos regadíos de Olivenza, basados en la presa de Piedra Aguda (también utilizada para abastecimiento de Olivenza), en donde se instalaron 108 colonos (en dos poblados) sobre algo menos de 700 Has expropiadas (si bien la superficie regable se ha ampliado notablemente mediante elevaciones directas desde el Guadiana).

El planteamiento general de PB-I era transformar, expropiar entre un 30 y un 40 % de las tierras transformadas, e instalar en ellas colonos, construyendo para ellos poblados de colonización. En conjunto se transformaron en regadío unas 95.000 Has, de las que se expropiaron 44.000 Has, de las que unas 34.000 se distribuyeron entre 4.763 colonos instalados en 40 poblados de colonización.

Las limitaciones de el PB-I las evidenciamos en una obra que también está este año de aniversario, o decadario (en este caso 40 años), "Extremadura saqueada":
  • Insuficiencia de las tierras expropiadas (algo más del 40 % de la superficie directamente transformada por el IRYDA) para el número de colonos instalados, no permitiendo fijar explotaciones viables
  • Exceso de paternalismo por parte del IRYDA, lo que si bien facilitó la permanencia de muchos colonos, dificultó el aprendizaje de una agricultura de regadío dinámica y autónoma. Los colonos tan sólo pudieron convertirse en auténticos agricultores cuando el IRYDA desapareció
  • Exceso de nuevos poblados de tamaño excesivamente reducido, dificultando su consolidación como núcleos históricos y su independización municipal. El diseño de pueblos se hizo basado en la tracción animal, justo en un periodo en que se daba el paso masivo a la tracción mecánica.
  • Indicios claros de corrupción tanto durante el proceso de transformación (grandes propietarios que se libraban de la expropiación con trampas legales, y a los que además se les construían poblados e infraestructuras gratis, obras mal hechas, enriquecimiento personal de técnicos del IRYDA) como ya en el periodo de gestión (tierras expropiadas, pero no repartidas, que se daban en alquiler semigratuito a grandes propietarios, o a los propios ingenieros del IRYDA, privatización de viviendas, etc).



El PB-II arranca con los años '60, y vino marcado por el impacto que los informes de diversos organismos internacionales, especialmente de la OCDE y el Banco Mundial, a principios de aquélla década, cuando España empezó a ser admitida en sociedad.

Por supuesto que eran informes interesados, pues en esa época los farmers americanos comenzaron a tener graves problemas de excedentes, sobre todo de maíz y soja, y nuestros regadíos iban a competir directamente por ejemplo con los del Languedoc Roussillon en Francia. Pero el que caso es que aquellos informes, además de recomendar centrarse en la industrialización, plantearon la conveniencia de dejar de invertir en poblados de colonización. Además los grandes propietarios habían aprendido ya que el regadío podía ser rentable, empezaban a saber gestionarlo, y sobre todo invertían en maquinaria sustituyendo en muchos quehaceres la mano de obra. Por otra parte la emigración masiva de la provincia (incluídos muchos colonos recién instalados, que ante las dificultades y penalidades optaron también por emigrar a los centros industriales) hacía más difícil conseguir colonos.

En realidad, había una contradicción insalvable: se había mostrado que las parcelas eran demasiado pequeñas para permitir un desarrollo económico abiertamente suficiente a los colonos, por lo que seguir instalando colonos implicaría mayores porcentajes de tierra expropiada; y por otro lado los grandes propietarios no precisaban más mano de obra en su entorno, y se bastaban con maquinaria para gestionar las nuevas tierras de regadío. Naturalmente la contradicción se resolvió en favor del grupo social más fuerte: los nuevos regadíos transformados desde entonces no han incluído colonización. Un criterio que, por lo demás, mantendrían luego los gobiernos de la Democracia, que no han expropiado para colonizar ni una sola hectárea.

El elemento fundamental del PB-II es el río Zújar. En 1964 se terminaba la presa del mismo nombre y por su margen izquierda discurre un canal que desemboca en el río Matachel, junto a la presa de Alange. Afectado directamente por los informes internacionales señalados, aunque el proceso de transformación de la zona regable del Zújar se inició en 1963, tardarían diez años en iniciarse las obras. Tras un primer empujón, en 1976 (cuando se empezaba a regar la primera fase) se paralizan nuevamente, no siendo finalizado el canal hasta los años '80.

En esta zona regable se introduce, inspirado en los regadíos de Languedoc-Rousillon, la aspersión, utilizando para ellos varias torres de 60 metros de altura a las que se eleva el agua con energía eléctrica para dar presión suficiente al sistema. De las 24.000 Has aproximadamente que se riegan con este sistema, no se expropió ni una, ni se han instalaron en consecuencia colonos. Tan sólo se llevó a cabo un conflictivo y largo proceso de concentración parcelaria, que planteó más problemas de los que venía a resolver. El propio sistema de riego ha generado numerosos problemas debido al elevado coste del agua, por lo que durante años muchos miles de Has permanecieron sin riego a pesar de la obligatoriedad de regarlas.

Por otro lado, mediante elevaciones directas y por el mismo sistema (aspersión, no expropiación de tierras), se superpusieron al Canal de Lobón dos nuevas zonas regables en Arroyo San Serván/Calamonte para 3.700 Has, y en Guadajira con 3.800 Has.

Este PB-II quedó de hecho sin finalizar, abandonado en los ‘80 el Canal de Barros que el embalse de la Serena hacía aún más viable, y que hubiera podido regar al menos 83.000 Has. Como he comentado, se ha quedado en una caricatura de 15.000 Has, cuya financiación ni siquiera está asegurada, por lo que es difícil predecir en qué quedará.

En cuanto a la margen derecha de las Vegas, se expandió con el Canal de las Dehesas, iniciado a finales de siglo pero cuyas obras se retrasaron mucho. Si bien inicialmente se planteó una red basada en tres canales ( Canal de la cota 400 se denominó al conjunto) que regarían hasta 55.000 Has, al final el proyecto se limitó a 32.000, siguiendo la cota 350.

Y como parte del PB-II habría que incluir esas 20 ó 30.000 Has transformadas posteriormente por particulares en todas estas áreas, bien aprovechando la infraestructura del IRYDA, bien mediante elevaciones directas desde el río.

LAS BASES SOCIALES DEL PLAN BADAJOZ. EL PUNTO DE PARTIDA


El Plan Badajoz ha sido sin duda objeto de debate. Unos y otros hemos hecho interpretaciones sobre el origen social del Plan Badajoz.

Aunque en general la interpretación más exitosa ha sido la que presentaba esta actuación como un exorcismo franquista ante la presión que suponían los jornaleros hambrientos de Extremadura, creo que cuando queda en la lejanía el franquismo (aunque haya quien lo tenga como desayuno diario), podemos aceptar otras interpretaciones que, sin negar la importancia de esa, permitan una lectura más abierta y objetiva de este fenómeno que fue a la vez social, político y económico.

En realidad, la interpretación netamente clasista podría aplicarse de igual modo a los proyectos de la Restauración, y por supuesto a los de República, cuyos proyectos para el Guadiana no incluían explícitamente colonización.

De hecho, la maquinaria planificadora del franquismo no se puso en marcha justo cuando mejor hubiese podido cumplir ese ejercicio exorcizador. Tras la visita de Franco a Extremadura, en 1945, el Gobierno Civil queda encargado de realizar un estudio sobre la situación socioeconómica de Badajoz. Tardaron un par de años en empezar los trabajos, pero al fin en 1948 las autoridades provinciales presentaron un cuadro dantesco que fue ocultado por el gobierno de Madrid. Hablaba del abandono de tierras cultivables, de 40.000 yunteros en situación gravemente inestable, y casi 70.000 jornaleros en paro total o estacional. Es decir, se hablaba de más de 100.000 familias (en torno al medio millón de habitantes) condenadas a la desesperanza, el hambre, la inseguridad más completa. El propio estudio en sus últimos apartados presentaba como alternativa un completo Plan de Desarrollo Local para la provincia, de inspiración netamente falangista, es decir con un contenido mucho más social que el que luego llegaríamos a conocer (por ejemplo, se planteaba la necesidad incuestionable de que, en las nuevas tierras de regadío, ningún propietario pudiese conservar por ningún conducto una superficie mayor de 50 Has.). En suma, ese hubiese sido el momento ideal si fuese exacta la interpretación más generalizada.

En realidad desde recién acabada la guerra se pusieron en marcha pequeños proyectos de transformación en regadío, y colonización, en las Vegas Bajas, ajustados a la Ley de Colonización de Grandes Zonas Regables de 1939, aunque esas obras no llegarían a ser funcionales hasta los años '50. Sólo a partir de 1951 se ponen en marcha los trabajos de una Comisión Mixta que desembocaron en aquel "Plan de obras hidraúlicas, colonización, industrialización y electrificación de la provincia de Badajoz", que pronto fue abreviado hasta llamarse Plan Badajoz.

Hasta 1955 seguirán produciéndose planes y proyectos referidos a las Vegas del Guadiana; a partir de 1963 comienza a producirse la documentación técnica de las vegas del Zújar; en 1966 las zonas de Zalamea y Entrerríos. Sólo a finales de los años '50 comenzarían a instalarse colonos, y el proceso se alargaría durante casi 30 años.

Es decir, el Plan Badajoz se pone en marcha justo cuando los jornaleros hambrientos del Sur de Extremadura han hallado la espita de la emigración como alternativa; justo cuando la curva del malestar social ha iniciado su caída.
En conjunto resulta ingenuo creer que el franquismo pudiese temer a los jornaleros extremeños, por muy hambrientos que estuviesen en los años '40. Más ajustado a la realidad es añadir otros factores, a los tradicionalmente utilizados. Factores muy diversos, de los que se nos escaparán sin duda algunos, pero de los que podemos entresacar los más importantes:

  • a) El miedo a la escasez de alimentos padecida por el conjunto del Estado hasta mediados de los años '50, agudizada por el aislamiento que siguió a la derrota de Alemania. El regadío se veía como el único sistema seguro de aumentar la cobertura alimentaria de España. Más aún, podemos atribuir a este factor la extensión de la colonización, pues se precisaban pequeños propietarios para producir cultivos intensivos, y se precisaba retener mano de obra (que, insistamos, comenzaba a emigrar hacia los centros industriales de España y Europa) para los nuevos latifundios de regadío.
  • b) La influencia de experiencias extranjeras. Principalmente, en el plano ideológico, de la 'bonífica' de la Italia de Mussolini, pero no menos importante, en el plano técnico, la 'water's policy' de los Estados Unidos.
  • c) La necesidad de incrementar la producción eléctrica, en un periodo de tímido despegue de la industria nacional. La cuenca del Guadiana presentaba posibilidades ideales al permitir combinar el aprovechamiento hidroeléctrico a gran escala con los regadíos.
  • d) La necesidad, por parte del Régimen, en unos momentos de aislamiento absoluto (entre 1945 y 1950), de plantear operaciones de escaparate tanto hacia el exterior como hacia el interior. De hecho, durante casi 20 años no hubo comisión internacional de contenido económico, en viaje oficial por España, que no cursara una visita al escaparate del Plan Badajoz, e incluso ha llegado a ser tomado en algunos países como modelo de desarrollo local.
  • e) La propia fuerza de la Historia. El desarrollo de las fuerzas productivas hacía ineludible la puesta en valor de recursos ociosos. 


LOS EFECTOS SOCIALES, ECONÓMICOS Y TERRITORIALES DEL PLAN BADAJOZ. EL PUNTO DE LLEGADA


Decir hoy que los principales beneficiarios del Plan Badajoz fueron las tradicionales clases dominantes de la región: la aristocracia y la burguesía terratenientes, y el aparato del Estado (los funcionarios) no es aportar mucho. Lo hemos evidenciado en numerosos estudios desde que en el libro libro "Extremadura saqueada" incluimos este cuadro, sobre quiénes cultivan el Plan Badajoz, muy ilustrativo.

Pero insistir en esa línea no aporta mucho, aunque los historiadores deben seguir haciendo su trabajo, que ya era hora de que se empezasen a ocupar del tema.



Al igual que cuando estudiamos un circo romano, estamos estudiando arte, arquitectura, no lo hacemos para denunciar las carnicerías que se realizaban a veces en esos monumentos, vengo desde hace muchos años planteando que tenemos que acabar con la costumbre de analizar grandes proyectos como el Plan Badajoz con la intención subconsciente de cambiar la Historia.

Por eso a mí me parece más interesante analizar el fenómeno como un acontecimiento histórico extraño, eso sí, que ha producido en cinco decenios algo que en otros territorios costó, al no haber de por medio una acción planificada estatal, cinco siglos (me refiero a zonas como el Valle del Ebro o las huertas de Valencia o Murcia). No hace al caso plantearse cómo hubiesen sido las cosas de otro modo: si el Estado no hubiese intervenido, o si hubiese sido el Estado republicano en lugar del Estado franquista. Eso es hacer historia-ficción.




En este sentido, hemos de asumir que uno de los principales objetivos del Plan Badajoz, la creación de una clase media en el campo extremeño, se ha cumplido. No se trata tan sólo de las casi 5.000 familias de colonos. Hay que incluir especialmente a su descendencia: los hijos de colonos, un auténtico fenómeno social, en la medida en que en una parte importante siguieron en sus poblados, duplicando y aún triplicando la población; pero sobre todo los más dinámicos crearon comercios y servicios (porque el tamaño de las parcelas sólo permitía la continuidad de un hijo), estudiaron y ejercen profesiones liberales, y los hemos posido encontrar tanto en las fábricas de Baracaldo como de presentadores de televisión, altos funcionarios o políticos.

Como también hay que incluir a los miles de pequeños reservistas, antes pequeños agricultores de secano y hoy convertidos en agricultores fuertes de regadío, que han aprendido a gestionar, a invertir arriesgándose, a innovar; que acumularon en los años de bonanza para la agricultura un capital que ha facilitado la promoción social de sus hijos, que han creado negocios en los pueblos y ciudades del regadío.

En fin, hay que incluir a tantos pequeños comerciantes de los pueblos y ciudades de regadío que han podido consolidar y ampliar sus negocios, crear otros nuevos, complejizar los grupos sociales y la economía de la zona. Son las zonas de regadío las únicas que cuentan actualmente con una clase media, escasa y modesta pero sólidamente asentada, que facilita un progresivo acortamiento de las diferencias sociales. Naturalmente estamos haciendo una constatación sociológica, sin entrar en detalle de la problemática de las clases medias en España.

Se han producido importantes cambios económicos y territoriales por efecto del Plan Badajoz. Quiero insistir en algunos de ellos, que me parecen especialmente importantes y creo deben transmitirse a los jóvenes.



Tradicionalmente la riqueza de Extremadura se había concentrado, de forma más o menos imperfecta, en la Ruta de la Plata. Lo demás, salvo ciudades aisladas, era un páramo de miseria absoluta. Sin embargo, a raíz del Plan Badajoz ha surgido un segundo eje que ha superado en importancia a la Ruta de la Plata: las Vegas del Guadiana, lo que yo prefiero llamar el corredor del Guadiana (paralelamente, el mal llamado Plan Cáceres generó el surgimiento de un segundo eje transversal al Norte de la región, entre Navalmoral y Coria). Un corredor que une de forma imperfecta, pero con una continuidad evidente, la conurbación de Villa-Benito con Miajadas, Mérida, Montijo y Badajoz. En este eje se concentran ahora las ciudades más dinámicas de la región, en un espacio salpicado de otros pueblos antiguos de crecimiento imparable (Calamonte, Puebla de la Calzada, Talavera la Real...) y una veintena de poblados de colonización, hasta conformar no un área metropolitana, pero sí lo que podríamos llamar un área agropolitana. Un eje en el que se concentra más de un tercio de la población de la región.

Ciertamente han quedado muchos problemas sin resolver. El Estado hizo regadíos, repartió algunas tierras, construyó poblados para los colonos, y luego dijo "¡ahí os quedáis!". Los hijos de los colonos ya no tenían tierra en la que trabajar, salvo nuevamente la ajena. Los poblados se quedaron pequeños, y su ensanche ha generado graves problemas urbanísticos en algunos casos, y finalmente especulación. Seguía (y aunque pocos, aún sigue habiéndolos) jornaleros con poco trabajo. Quedaron muchas infraestructuras por hacer. En realidad quedó todo un poco a medio hacer. Pero el Plan Badajoz sí ha servido, en suma y ciertamente, para encender la mecha del dinamismo en esta región. 



En varios trabajos sobre la estructura territorial de Extremadura he utilizado la idea de las tres adaptaciones que los pobladores de esta tierra han debido hacer, a lo largo de los siglos, para sobrevivir en ella, aunque no siempre lo hayan conseguido, provocando de tanto en tanto estallidos migratorios. La primera fue la dehesa. Tras la reconquista permitió vivir a unos pocos pobladores, con bajas densidades. Pero cuando la presión demográfica fue creciendo sólo quedó la espita de la emigración, entonces al nuevo mundo. La agricultura de secano fue, entre los siglos XVII y XX, una adaptación más moderna, más compleja, algo más intensa. Pero a mediados del siglo XX la presión demográfica se hizo de nuevo insostenible para ese sistema. El regadío ha sido la tercera adaptación. No es suficiente aún, sin duda. Pero con esta base la región tiene unas posibilidades enormes…, si no le cortan las alas. Como ha ocurrido con tantas inversiones. Citaré sólo las energías renovables, por no citar otras más conflictivas.

Muchas gracias por su atención






Algunos de mis textos sobre el Plan Badajoz

M.Gaviria, J.M.Naredo, Baigorri, A. y otros (1978), Extremadura saqueada, Ruedo Ibérico, Paris
Capítulos:
Baigorri, A., Gaviria, M.(1978), “Los datos básicos del Plan badajoz”, pp. 228-233
Baigorri, A., Gaviria, M.(1978), “Los grupos sociales afectados por el Plan Badajoz”, pp. 237-239
Baigorri. A. (1978), “El ordenamiento jurídico del Plan badajoz”, pp. 240-261
Baigorri, A. (1978), “Las trampas de la colonización. Reservas y tierras exceptuadas”, pp. 262-275
Baigorri, A. (1978), “La rentabilidad de las reservas”, pp. 276-277
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